Soy una descarada, desvergonzada, una malcriada. Sólo cuando estoy sola. Cuando hay compañía, sólo puedo limitarme a ser vulgar con las palabras y algunos gestos como apoyo visual; hay que guardar algo de compostura.
Cuando estoy sola, no hay quien me ponga en mi lugar. Debería haber alguien, no deberían dejarme sola, haciendo y deshaciendo.
Soy una descarada por que cuando me llega la necesidad de ir al baño, antes de llegar a él, siempre me bajo los pantalones para dejar ver mi desnudo cuerpo pasando a lado de la ventana más grande de mi casa, donde se sabe, es una de las más transitadas de la colonia.
Hago todo esto para jugar con el destino, haber quién me cacha, haber quién se atreve a verme, haber si se puede tantear con la gente. Haber si el destino manda alguien en el momento justo.
Debería, pero nunca pasa nada. Nunca y siempre son palabras de mucho poder, pero de poca predictibilidad.
¿Qué pasará el día en qué alguien descubra mi avergonzante secreto? ¿Qué cosas pasaran por mi mente? ¿Qué extrañas sensaciones experimentará mi sistema nervioso?
Me merezco más que eso.
miércoles, 17 de marzo de 2010
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